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Todos los seres humanos anhelamos un mundo sin contaminación, donde todos los seres vivos puedan desarrollarse plenamente. Sin embargo, nuestra naturaleza se encuentra amenazada por la gran cantidad de tóxicos y contaminantes que vertimos diariamente a nuestros recursos naturales. Entre esos contaminantes, uno de los más abundantes es la BASURA, clasificada como un desperdicio sólido no-peligroso, según la Ley Federal “Resource Conservation and Recovery Act” RCRA, por sus siglas en inglés.

Según la definición, los desperdicios sólidos no-peligrosos son los que no sufren transformaciones físicas o químicas significativas ni reaccionan con otros materiales, por lo que no representan un riesgo al ambiente. Estos incluyen aquellos materiales que se desechan ya sea porque no se quieren, no se necesitan o no se pueden re-utilizar y se generan en las actividades diarias de la casa o la oficina e incluyen el cartón, el papel, el plástico, las baterías, el aluminio, la goma-espuma (“Styrofoam”), la grama recortada y las ramas de los árboles, entre otros.

Esta definición es adoptada y utilizada por las agencias gubernamentales de Puerto Rico, tales como la Junta de Calidad Ambiental, el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales y la Autoridad de Desperdicios Sólidos para clasificar los materiales que desechamos, ya sea porque los descartamos como BASURA, no los re-utilizamos, nos sobran o ya no los queremos.

De otra parte, los desperdicios peligrosos se definen como cualquier líquido, sólido o gas, incluyendo lodos y aguas residuales (usadas), que contienen propiedades y/o compuestos que pueden ser peligrosos o potencialmente dañinos a la salud humana o al ambiente. Estos desperdicios requieren un procedimiento especial para descartarlos y es ilegal disponer de ellos en la BASURA común. Dentro de los desperdicios peligrosos se encuentran los Desperdicios Biomédicos y las cenizas de los procesos industriales de Incineración.

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